Vivimos en una sociedad que demoniza el sexo sin amor, y sin embargo se entrega apasionadamente a esta labor. Y para lavar su moral busca una cabeza de turco donde escupir sus hipócritas sentencias.
Los homosexuales hemos tomads entre resignación y agradecimiento este papel, y ya puesto a ser pecadores de fabrica, pues que menos que hacer del pecado un arte.
Discotecas, cuartos oscuros, antros sexuales... Disponemos a nuestra merced de multitud de espacios y herramienta para exponer nuestro obra, y como creadores del placer, nos sumergimos en la vorágine de sensaciones que provocan el olor a sudor, el tacto de un cuerpo en la oscuridad y la descarga eléctrica que recorre tu cuerpo cuando golpean tu próstatas con un trozo de carne.
Librándonos de convencionalimos estúpidos (aunque a veces alguno maricas no hacen más que cambiar unos por otros) hemos llevado a la sostisficación el impulso mas animal. Y encima se nos tilda de enfermos.
Perdona, pero no.
No somos enfermos.
Somos artistas.